“Comparado con el más insulso ser humano caminando por la faz de la Tierra y proyectando sobre ella su sombra, el personaje de novela más brillantemente dibujado no es más que un saco de huesos” Bag of Bones, by Stephen King
“Ahora que sé lo que me estoy perdiendo/ No me podés abandonar/ Insuflame aire y haceme real/ Traeme a la vida.”
Vivimos nuestras vidas hambrientos de algo más. Comida, sexo, y entretenimiento, todo muy lindo, pero un mundo que está tan solo lleno de comida y sexo y espectáculo, aunque divertido, pronto se siente vacío para nosotros. Queremos más. Queremos sentido.
Y frecuéntemente encontramos ese sentido en metáforas. Cuando sufrimos con las Matemáticas en nuestra infancia, la historia de un joven Einstein enfrentado al mismo desafío, para convertirse en el Rey de las Matemáticas años más tarde, nos llenó de confianza y una enorme dosis de “ya van a ver!”. Una amiga me contó hace poco que cuando ella estaba atravesando los malvados 40s, que estaban siendo particularmente crueles con ella, la historia de como las águilas sobreviven su año número cuarenta gracias a que se golpean y renacen de sus moretones la ayudó a seguir adelante. Ambos son excelentes ejemplos de como las metáforas y un sentido más alto pueden ayudarnos a encarar las dificultades de la vida.
Excepto que Einstein nunca sufrió con las Matemáticas, jamás. Y las águilas no necesitan golpearse para sobrevivir.
Unas semanas atrás, inspirada por la fantástica Sarah Lacy (ya pispiaste su nuevo blog?), escribí una carta conteniendo una metáfora que usa a los árboles Pando. El foco de Sarah estaba en las raíces como red, el mío estaba en las raíces como “el Corazón de Pando”. El post de Sarah me hizo llorar. Mi texto hizo que más de un adulto lagrimeara también. Más allá de lo talentosa que es Sarah, la mejor parte de su post fue investigar acerca de Pando y averiguar que los árboles existen, y que son en realidad mucho más grandiosos que lo que ella había expresado. La mejor parte de su metáfora era que estaba basada en hechos verdaderos y tangibles.
Estas historias que contienen metáforas rotas se inventan a veces en broma, a veces por dinero, y a veces con la mejor intención, para que nos inspiren y nos eleven. Pero cuando necesitás que te inspiren y te eleven, y de pronto descubrís que aquello que te daba esperanzas era una bolsa de mentiras, la caída puede ser mucho más dura que el lugar en el que te encontrabas al comienzo. Peor aún, puede hacer que vivamos en una universo de fantasía, un espejismo dentro del cual no podemos acercarnos a la realidad, donde nuestras palabras y acciones parecen estar apartadas de nuestros objetivos y de las demás personas.
El mundo está lleno de historias asombrosas que son verdaderas, y que nos pueden dar apoyo, y hacernos volar. Querés ejemplos de genios tardíos? Alan Rickman tuvo que esperar hasta los cuarenta y pico para obtener su primer rol en una película, y Boggie tuvo que nadar a través de una carrera (y una vida) desastrosa hasta que encontró fama, fortuna, y a Baby, a los 42 años.
La naturaleza también está llena de conmovedoras historias. Qué tal la serpiente que se hizo amiga de su almuerzo? Si te parece demasiado bueno para ser cierto, quizás quieras leer este artículo. También está el akita leal cuya vida fue llevada al cine. O el collie que se hizo estrella de Hollywood, y de paso salvó a los estudios MGM. Por un tiempo, las abejas desafiaron nuestros conocimientos de aerodinamia (ahora somos más inteligentes y entendemos el truco). Las plantas tienen valores familiares. Ada Lovelace escribió el primer programa de computación en 1843. Y las cosas saben que las estás observando, y actúan en consecuencia.
La Ciencia, la Historia, tu barrio… La vida está llena de historias reales que te van a volar la cabeza y te van a sostener a través de las noches más oscuras. Elegilas, no hay nada como un barco sólido y resistente para navegar hasta tu hogar.
